Voyage en Chine

En el centro de Ginebra, en la dirección local de educación y cultura, hay unos escaparates con objetos antiguos de las escuelas de la ciudad. Entre ellos, la siguiente carta que escribió un alumno ginebrino en 1934, supongo que como deberes para su maestro:

Traduzco el ejercicio escolar a grosso modo:

«El Yangtsé mide 5.080 kilómetros. Los barcos de vapor lo remontan unos 2.580. Tiene un caudal 50 veces más grande que el Ródano en Provenza.

Nos hemos instalado en la sala de diapositivas para la clase del profesor Zwicky. Con un esquema del río sobre las rodillas y un lápiz en la mano, escuchamos la charla del señor Parejas, quien ha pasado cuatro años en China como enviado en misión por la Sociedad de Naciones.

El camino más corto para llegar a China es el Transiberiano. Parte de Berlín y llega en poco tiempo a Shanghai. Shanghai es la capital comercial de China, tiene un enorme puerto, calles llenas de gente y más de 600.000 habitantes».

Por lo que se ve, los niños ginebrinos de los años 30 tenían la suerte de que, al ser su ciudad la sede de la Sociedad de Naciones (el precedente de las Naciones Unidas), algunos embajadores o expertos iban a sus clases a explicarles cosas del mundo que habían visto en sus viajes. El «señor Parejas» del que habla el alumno parece ser un tal Edouard Parejas, otro maestro que por encargo de la citada Sociedad de Naciones hizo un viaje desde Shanghai hasta Sichuan por el río Yangtsé, pasando por ciudades como Nanjing o Wuhan. Aquella travesía incluyó un ascenso al monte Emei. No eran lugares desconocidos, muchos chinos harían ese tipo de viajes, pero para los europeos sí que debía ser una excursión de lo más exótica.

Llama también la atención de que se hable del Transiberiano como un tren entre Berlín y Shanghai (en realidad creo que va de Moscú a Vladivostok, aunque supongo que cambiando de trenes se podía hacer el recorrido propuesto por el chico). Es gracioso que se diga que con ese tren se llegaba a la Perla de Oriente «en unos pocos días» (yo le echaría, así a ojo, por lo menos un mes). La carta me gustó mucho: habla con sencillez de una China vista por los ojos de europeos de hace casi un siglo, que en cierto modo me recuerda a la de «El Loto Azul», comic que se publicaría un año después. ¿Estaría Hergé inspirado en el viaje del señor Parejas?

¡Sé el primero en comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.