¿Wuhanizar Madrid?

La crisis del coronavirus continúa agrandándose y dando unos titulares cada vez más dramáticos y que nunca habríamos imaginado. Todo lo que se dice de ella queda obsoleto una semana después, y ahora son países europeos como Italia, España, Francia o Alemania, aparte de Irán, los que están mostrando una tendencia más preocupante, con cientos de casos nuevos diarios y la sensación de que van camino de sufrir lo que China vivió en enero y febrero: decenas de miles de afectados, miles de fallecidos… Es en este momento cuando surge el debate de si hay que imitar a los chinos y cerrar a cal y canto ciudades enteras, incluso regiones, para frenar el rápido contagio de lo que ya es oficialmente una pandemia. ¿Debe una ciudad como Madrid experimentar la cuarentena forzosa que ha sufrido Wuhan, aún no del todo finalizada?

Muchos se quejan de que debería haberse hecho hace largo tiempo, que esos países contaban con la ventaja de que ya sabían lo que había pasado en China y lo desaprovecharon. Creo que eso no es del todo justo, se habla de lo que se tuvo que hacer en el pasado conociendo ya el presente, y eso es muy cómodo. En realidad estamos viviendo situaciones inéditas en nuestras vidas, ni siquiera es la misma situación que en pandemias anteriores como la gripe de 1918 o la de 2009. Hasta para China, con el carácter autoritario de su gobierno y teniendo una sociedad digamos más «manejable», fue una decisión dura y no se tomó inmediatamente: los médicos sospechan que los primeros casos de coronavirus en ese país se dieron a principios de diciembre, pero entre que se determinó que era un virus nuevo y hasta que se fue conociendo su alta rapidez de propagación, se tardó cerca de un mes y medio en cerrar a cal y canto Wuhan. En aquel entonces había unos 500 casos confirmados, pero ya se sabía que eran sólo la punta del iceberg, los más graves, aquellos que habían acudido a los hospitales, y quedaba por conocer muchos otros, incluso los de personas asintomáticas que podían estar ampliando la expansión del coronavirus. Todos hemos hecho predicciones erróneas, hemos dicho cosas que a las pocas semanas han probado ser erróneas, pero no es el momento de ver quién fue mejor profeta.

En todo caso, tiempo habrá para determinar si las cosas se podrían haber hecho mejor o peor, si antes o después, pero creo que no es el momento de las dimisiones sino el de las decisiones: al menos, países como España siguen teniendo la ventaja de que el caso chino es para ellos una especie de bola de cristal para conocer cómo puede ser su futuro, y ahora mismo China parece estar viendo la luz al final del túnel, los casos diarios ya son sólo 20 o 30 cuando llegaron a ser miles, y sus ciudades poco a poco van regresando a la normalidad.

Países como España podrían verse encaminados a tomar las drásticas medidas que se tomaron en Hubei en aquellas ciudades donde se estén dando cientos, miles de casos diarios. Incluso aunque se tomen las medidas, es de temer que haya días o semanas de apabullantes cifras de nuevos contagios diarios, a medida que se amplíen los chequeos y diagnósticos para intentar que no quede nadie por testar, como se ha hecho en zonas de Corea del Sur. Pero con paciencia, responsabilidad ciudadana y gubernamental, y sin pánico, con entereza, en cuestión de semanas puede alcanzarse el pico de casos e iniciarse el camino de la recuperación. Habrá gente que tristemente se pierda por el camino: esto es como una guerra. Esperemos que para muchos de nosotros esto sea lo más próximo que conozcamos en nuestra vida a una contienda mundial.

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