Xibanya Lou

Mucho revuelo ha levantado en Madrid (o eso parece desde aquí, desde China) la compra del Edificio España, todo entero él, por parte del millonario chino Wang Jianlin. Y comprendo este revuelo, porque los ingredientes de la fábula son muy atractivos: el hecho de que Wang sea el hombre más rico de China, que el edificio comprado sea tan emblemático de Madrid y tenga un nombre tan simbólico, que llegue en un momento tan especial para Madrid (deprimida por los fracasos de los JJOO y de Eurovegas, aunque ya sé que muchos no están nada deprimidos)… Todo niquelado y medido para que en los bares de la Villa y Corte más de uno grite eso tan clásico de «¡estos chinos, nos van a invadir!»…

No diré que mi relación con el Edificio España sea intensa, porque creo que muy pocos pueden decir eso (el edificio, hemos corroborado estos días en las crónicas de prensa, lleva casi una década prácticamente vacío y sin uso), pero sí puedo afirmar que la única vez que entré a él, hace unos 13 años, fue por motivos relacionados con China. ¿La razón? Por aquel entonces, verano de 2001, en el Edificio España estaba la Oficina de Turismo de China. Yo acababa de saber que iba a irme a Pekín a trabajar, así que fui a esa oficina para recoger algo de información, algún mapa o lo que buenamente pudieran dame, en una época en la que todavía no lo mirábamos todo en internet. Ello me permitió entrar en un edificio que conocí por primera vez de pequeño, en los 80, cuando en el colegio de Huesca nos tocó hacer un mural sobre edificios de la Edad Contemporánea en España y yo pegué ése mismo en la cartulina, creo que robado de una colección de postales que tenían mis hermanas. Se me quedó desde entonces la silueta y los colores tan peculiares del edificio, y cuando fui a vivir a Madrid años después, en 1994, lo reconocí al instante.

Recuerdo poco de aquella visita al interior del edificio, porque duró apenas unos minutos… En la planta baja y los pasillos, el lugar me pareció elegante y a la vez polvoriento, contenía un ambiente como de película de espías de los años 40 que sólo volví a respirar cuando años después fui a Shanghái y entré en el Peace Hotel del Bund, y más tarde, en Nueva York, cuando subí al Rockefeller Center (no en vano he leído estos días que el arquitecto que lo diseñó se inspiró bastante en el rascacielos neoyorquino). Respecto a la oficina china de turismo, en realidad no me atendieron demasiado en ella y se limitaron a indicarme un mostrador con folletos de las distintas provincias chinas para sugerirme a continuación que tomara todos aquellos que quisiera. No aprendí mucho de China en el Edificio España, pero al menos en esos folletos, que llevé a Pekín y rodaron por mis distintos domicilios pequineses varios años, leí por primera vez los nombres de provincias chinas como Hubei, Hunan, Hebei… También descubrí lo mal que salían algunas traducciones del chino al español, y eso que aún no habían inventado Google Translator.

Al lado del Edificio España, en su tocaya Plaza España, también hice la pasada década varias visitas relacionadas con China, éstas ya después de mi primer viaje a Pekín, cuando volvía a Madrid de vacaciones. En este caso, porque en los sótanos de la plaza, unos sótanos casi secretos, se encontraba un supermercado chino, el más chino de la ciudad (pensado sobre todo para inmigrantes de ese país) por el que a veces me gustaba pasar, como para no perder del todo de vista a Pekín durante mi mes español. Compré allí un par de diccionarios chino-españoles bastante buenos, los únicos que entonces encontré en toda la ciudad, aunque ahora me imagino que habrá otros sitios donde encontrarlos, dado que el chino es el idioma del futuro y todas esas monsergas. Ah, y cuando fui a España con novia china, la llevaba a ese super para que comprara algo que le permitiera quitarse un poco la morriña de dejar su país durante largas semanas.

Pero en fin, volvamos a la compra inmobiliaria, que estoy desvariando como si fuera nonagenario… Esta compra es una pequeña ironía del destino: Madrid no consiguió los Juegos Olímpicos porque el COI prefirió Asia (Tokio). Tampoco logró Eurovegas porque Sands prefirió también Asia (Singapur, Corea, Japón, lugares donde el gigante de los casinos ha decidido centrar su estrategia de inversiones). Ante estos plantones, es como si Madrid hubiera decidido que, si no puedes vencerles, mejor unirte a ellos, a la Asia emergente… Está claro que esto es una gran simplificación de mal literato (los JJOO eran sobre todo objetivo del Ayuntamiento, Eurovegas de la Comunidad, y el edificio lo ha vendido el Banco de Santander) pero sí parece haber cierta melodía en todo ello. Una música que dice: no nos hemos querido enterar de que Asia ahora es la que lo peta, la hemos desdeñado durante años, hemos sufrido por ello desdén, y ahora toca repensarlo todo un poco.

El comprador del edificio, Wang Jianlin, es un señor curioso. Soldado del ejército en los 70 y 80, como su padre, él nunca soñó con ser magnate, la pasión familiar era la disciplina castrense, pero lo tuvo que ser porque no le quedó más remedio: en los 80 el Gobierno chino empezó a recortar efectivos en el ejército, él fue uno de los enviados a la reserva, y ante esta tesitura se reconvirtió a los negocios, posiblemente ayudado por las fuertes influencias políticas y empresariales que el ejército tenía entonces y sigue teniendo ahora. En los 90, Wang medró en el Dalian del que era alcalde Bo Xilai, el reciente ángel caído del régimen comunista… Ya sabéis lo que es la hoguera de las vanidades, cuando un amigo cae en ella hay que mirar para otro lado. Por otro lado, Wang fue dueño en aquel entonces del Dalian Wanda, el mejor equipo chino de fútbol de los años 90 (lo cual tampoco es mucho decir) y equipo igualmente caído en desgracia desde hace unos años por haber sido epicentro de un feo escándalo de compras de partidos durante temporadas enteras. Nadie dice que Wang Jianlin tenga que ver en estas cosas, sólo lo comento por curioso, a ver si luego no me va a dejar entrar en lo que monte en el Edificio España…

Ahora parece que el millonario está más interesado en el cine que en el deporte: el pasado año inauguró en Qingdao unos grandes estudios de cine con una gran fiesta a la que acudieron desde Nicole Kidman hasta Leonardo Di Caprio, John Travolta o Ewan MacGregor (dicen que nunca alguien en China consiguió traer al país tantas estrellas de Hollywood). A ver si consigue similares fuegos artificiales en Madrid, porque bueno, traer miles de monjas con guitarra a la capital de España tiene su aquel friki, pero molan más las alfombras rojas.

1 Comment

  1. Enviado por Sergio
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    Hola, dos cosillas: el edificio no lleva décadas cerrado, yo recuerdo cuando estaba el Crown Plaza Hotel y he mirado y estuvo hasta el 2006. Por otro lado, la oficina de la que hablas, ¿no será la que está o estaba en la Torre Madrid, que es la de al lado? Es que yo estuve hace años también en la oficina China de turismo, pero estaba en la torre Madrid.

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    Enviado por alfonsofr
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    Muy cerca de la Plaza homónima, en las traseras de Gran Vía a ambos lados y en algunas de las también algo decrépitas oficinas de los edificios en la misma avenida, pueden encontrarse comercios chinos de todo pelo: desde los ubicuos restaurantes «chinos de verdad» a tiendas de alimentación (incluyendo té verde, baozi y otras delicias), peluquerías con servicio de uñas, tiendas de ropa, paqueterías im/exportación o agencias de viajes (poco fiables, por experiencia propia).
    Es por tanto un lugar lógico para esta operación, dado que aparte del polígono Cobo Calleja, es uno de los núcleos de actividad de la comunidad China en Madrid.
    Creo que están rodando un documental independiente sobre el edificio. Desde luego, esta adquisición está cargada de valor simbólico, aunque veremos en qué se traduce en los años por venir.

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    Enviado por ChinoChano
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    Sergio: sí, me he pasado un poco con lo de décadas, además mi propio texto desmiente que estuviera vacío… Por lo que leo en Wikipedia se cerró definitivamente en 2005.

    Y sobre lo otro, estoy seguro de que en 2001 entré en el Edificio España para ir a la Oficina de Turismo de China. Es posible que en ese año 2005 la oficina se pasara de un edificio al otro, aprovechando que están cerca y que, como alfonsofr apunta, la zona es uno de los lugares con más presencia china en Madrid.

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    Enviado por Entidad
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    Hola majete! Sigo tu blog desde hace años, había comentado alguna vez, aunque hace años (también). El caso es que ahora llevo dos años viviendo en Singapur y mañana me voy con la parienta a China de babymoon. Beijing primero y Shanghai después. Así qué nada, si te apetece confesar algún paraíso desconocido de tu ciudad (la de China, digo) o algún truquillo pa turistas, ahí tienes mi email. Y si te apetece conocernos, estupendo, pero nada de sexo entre tu y yo!

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    Enviado por ChinoChano
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    pues menos mal! Pekín ya está muy pateado, pero a veces las guías no mencionan lugares tan obvios como la calle Dazhilan, la zona de Gulou o los bares de la calle Beiluoguxiang (no Nanluoguxiang, que ya está muy gentryficada).

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    Enviado por ChinoChano
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    perdon, calle Dazhalan (o Dasilar para los pequineses)

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